Las personas tenemos una clara tendencia a la bondad, si cuando caminamos por la calle vemos a alguien llorando es posible que aunque no interactuemos con esa persona, lleguemos a sentirnos impotentes al empatizar con ella. Cuando vemos animales sufrir en series, películas o incluso en los propios documentales, nos sentimos mal por no poder ayudarles. Somos seres sociales y por ello nuestros instintos nos hacen generosos y amables naturalmente hacia el entorno que nos rodea.
Todo esto es algo maravilloso, una parte de nosotros mismos, una muestra de nuestra humanidad pero ¿Qué pasa si sumamos las redes sociales a esta ecuación?
Hace algunos años se creo un término en internet para denominar a ese tipo de perfiles falsos, que usualmente utilizaban fotos de chicas jóvenes y guapas para conseguir atención o hacer cosas algo peores como estafar, manipular o abusar de alguna persona en concreto, los denominados ‘catfish’.
El término ‘catfishing’, se originó en base a un mito en dónde los pescadores y comerciantes de pescado, viendo que el bacalao se quedaba un poco “mustio” durante los transportes en bidones, decidieron introducir en cada uno de esos mismos bidones un siluro, también conocidos como bagre o pez gato (catfish en inglés), así durante el trasporte los bacalaos se mantendrían activos por miedo al siluro.
En 2019, utilizando la base del término anterior, nació una nueva denominación para un determinado comportamiento en línea: el ‘sadfishing’
¿Qué es el ‘Sadfishing?
El término ‘sadfishing’ hace referencia a un comportamiento que está bastante normalizado hoy en día en redes sociales, utilizar la tristeza como cebo para conseguir una mayor repercusión y, en consecuencia, ‘likes’ en internet.
No es nada nuevo y ya en los tiempos de Tumblr, aquella red social en la que la mayoría de usuarios adolescentes exponían sus problemas, se hacía uso del ‘sadfishing’ para lograr un mayor impacto y popularidad. Lo cierto es que mostrar nuestras vulnerabilidades hace que el resto de personas empaticen con nosotros, se compadezcan o incluso se vean reflejados, haciendo que muchos de forma casi sistemática tiendan a interactuar con este tipo de contenido triste.
Si tenemos en cuenta que los estudios más recientes sobre el uso de las redes sociales muestran que un 90% de los jóvenes, la llamada generación Z, hace un uso excesivo de las redes sociales hasta el punto en el que muchos de ellos se pueden denominar adictos, y que dentro de este porcentaje más de la mitad muestran signos de depresión, no es difícil pensar que el ‘sadfishing’ pueda ser una práctica perfectamente monetizable apta para influencers.
En el momento en el que un usuario comienza a utilizar sus redes sociales como una fuente de fama o ingresos, decide también cuál será la imagen más adecuada para cumplir con su objetivo, es decir que genera un ‘virtual self’, o perfil virtual, en consecuencia con la narrativa que desea mostrar en redes.
La identidad del ‘virtual self’ se configura en base a la imagen que queremos dar de nosotros mismos en línea, nuestra autopresentación, siendo una parte indispensable el categorizar y distinguir aquellos aspectos de nuestra vida que queramos compartir. Si queremos dar una imagen de ser personas extrovertidas, con poder adquisitivo, felices y exitosos será completamente necesario que nos centremos exclusivamente en compartir los aspectos de nuestra vida que ensalcen esa visión: fiestas, eventos, viajes, marcas, trabajo personal… el cuidado que debemos poner en nuestras publicaciones es exhaustivo, no podremos ser percibidos como personas con poder adquisitivo si compartimos una imagen en la que se muestra un desconchón en la pared de nuestro salón.
Este cuidado exagerado, la búsqueda constante de perfección, el desaliento si algo no es estéticamente bueno para ser publicado… hace que muchas personas prefieran no exhibir absolutamente nada en redes sociales, porque no consideran que sea lo suficientemente bueno o interesante como para que otros usuarios quieran interactuar o les importe si quiera hacerlo. La exposición constante a vidas perfectamente calculadas nos deprime y arruina nuestra experiencia “virtual”, porque no somos lo suficientemente buenos como para formar parte de ese mundo ¿Qué pasa si de pronto nos encontramos con un perfil que muestra todo lo contrario?
Si usualmente has utilizado o utilizas Tiktok, o simplemente estás al tanto en la actualidad de redes sociales y conoces sobre algunos influencers, estoy segura que habrás oído hablar de la usuaria ‘kindapatri’, no voy a acusar ni a hacer ningún tipo de afirmación sobre ella (ni publicitarla de forma gratuita) ya que realmente no conozco su caso personal más allá de lo que ella misma a expuesto o divulgado en sus redes sociales, pero utilizaré su caso como ejemplo.
El caso de Kindapatri y su repercusión en otros influencers.
Desde hace algún tiempo, no sé exactamente cuanto, Kindapatri ha estado tratando de cambiar la perspectiva que tenemos de ella en redes sociales con más de una dificultad, ya que su contenido al principio se basaba principalmente en estar deprimida.
Utilizando muy adecuadamente los recursos del lenguaje cinematográfico: el espacio, la iluminación, el tono y el color, el tiempo, el sonido y el movimiento, Kindapatri lograba crear un contenido audivisual con el que expresaba su tristeza y era capaz de “tocar” con ello la fibra de sus espectadores. Honestamente no veo nada de malo en utilizar el arte como un medio para expresar sentimientos dramáticos o negativos, de hecho es una manera perfectamente válida de poder llegar a otras personas y compartir aquellas cosas de la vida por las que todos hemos pasado o pasaremos en algún momento.
Quiero dejar claro que el caso de Kindapatri personalmente no me parece malintencionado o consciente. Mi intención al mencionarla no es en absoluto ser irrespetuosa o desmerecer su contenido y crecimiento. Como ella muchos otros usuarios en internet pretenden visibilizar y dar importancia y peso a la salud mental, algo que para nada es negativo si se hace de la forma correcta.
Sin embargo, el problema de su impacto y el de cuentas similares, es que para muchas personas esto abre un mundo de posibilidades, dónde interpretan erróneamente que mostrar tristeza en internet es sinónimo de triunfar y que por desgracia generan una enseñanza muy equivocada: “sobre exponer nuestro malestar y vulnerabilidad en internet es válido y está bien” cuando en realidad si estamos mal en lugar de acudir a nuestras redes sociales a exponer nuestros dramas deberíamos buscar ayuda en nuestro circulo cercano y personas de confianza.
La atención y el apoyo que podemos obtener de extraños en internet resulta ser muy adictivo, hasta el punto en que muchas personas en situaciones desagradables encuentran casi imposible dejar de generar contenido sobre sus problemas, con el único propósito de sentirse abrazados y alagados por otros usuarios. Esto termina convirtiéndose en un círculo vicioso del que no pueden salir, ya que cuando se encuentran tristes lo exponen en redes, obteniendo una validación vacía de extraños que en realidad no les importan, lo que les puede hace sentir peor y de nuevo necesitar generar esa exposición.
La creadora de contenido ‘Byhermoss’ afirmó hace unos meses en un directo junto a ‘Lia Sikora’ haber cambiado el tipo de contenido que hacía ya que citándola:
“El contenido triste es el que más atrae”
La parte más “triste”, valga la redundancia, es que ciertamente Byhermoss no ha descubierto nada nuevo, es bien sabido que la romantización de los problemas mentales, y sobre todo de la tristeza, es una forma fácil de obtener visitas, ya que la tristeza es un sentimiento normal pero desagradable que todos sentimos, pero nadie quiere.
Que a día de hoy haya influencers monetizando su malestar con contenido vacío, que no aporta nada útil para el espectador, sobre acudir al psicólogo, traumas, soledad, insatisfacción frente a la vida… es un gran problema para los usuarios más influenciables ya que normaliza el malestar y los problemas mentales, quitándoles peso y minimizando sus consecuencias.
Tener depresión no es algo agradable y no me gustaría sacar un beneficio de los momentos más duros por los que he pasado al sufrir de la misma, el cansancio crónico, la desgana y las pérdidas de memoria son solo una mínima parte de todas las consecuencias que tiene. Yendo a la ficción en la serie de animación ‘Bojack Horseman’ en el episodio 10 de la sexta temporada, titulado “Good Damage” podemos escuchar en boca de uno de los personajes protagonistas (Diane Nguyen) la frase:
…Si no lo hago, significa que todo el daño por el que pasé no fue un buen daño, solo daño. No he sacado nada de ello, y todos esos años, fui miserable por nada. Podría haber sido feliz todo este tiempo…
En este episodio; orientado mayormente a los artistas, que crecemos bajo la creencia de que todas las vivencias negativas de nuestra vida nos ayudan a alimentar nuestro arte, se profundiza en el sentimiento de vender nuestro trauma y de como ese mismo objetivo nos impide avanzar, focalizamos tanto nuestros esfuerzos por seguir sintiéndonos mal sobre el pasado y las experiencias traumáticas, con el único objetivo de poder seguir en sintonía con esos sentimientos negativos y crear contenido en base a ellos, que somos incapaces de olvidarlas.
No hay nada de malo en sentirse triste, de hecho poniéndonos un poco más poéticos, la tristeza es un sentimiento totalmente necesario ya que sin ella no podríamos saber que es la felicidad. Es cuando este sentimiento nos devora y comienza a dirigir nuestra vida cuando debemos ser conscientes de que algo va mal, no es bonito ser incapaz de salir de la cama, no ducharse en varios días, llorar constantemente, perder por completo el apetito… y es muy importante que en el momento en que comencemos a ver ciertos patrones en nuestro comportamiento seamos capaces de actuar y buscar ayuda o métodos que nos ayuden a salir de ahí.
El ‘sadfishing’ puede ser algo realmente tentador para muchos, llorar un poco en redes sociales y obtener a cambio la promesa de fama y riquezas suena muy bien, pero de la misma manera que Fausto vendió su alma al diablo para obtener conocimiento y placeres ilimitados, vender tu felicidad al capitalismo en pos de un futuro incierto, en una época en la que la fama dura aproximadamente tres semanas, es posiblemente la peor de las ideas.
Extra
Adicionalmente, me gustaría invitarte a ver un video ensayo (te aviso previamente que es en inglés) sobre este mismo tema que personalmente me pareció muy interesante. Te dejo el enlace por aquí.