En 1889 el escritor León Tolstói dijo:
«Es asombroso cuan completo es el espejismo de que la belleza es bondad.»
León Tolstói
Sin embargo, en estos últimos meses este término se ha ido haciendo un hueco en nuestro vocabulario habitual pero exactamente
¿De dónde ha salido este término?
Como la mayoría de términos modernos y las tendencias que nos llegan últimamente el término «pretty privilege» ha tenido un mayor impacto en TikTok, dónde se crearon más de 126M de visualizaciones en los vídeos bajo el hashtag #prettyprivilege pero ¿por qué? básicamente por el efecto que genera subjetiva e inconscientemente este término.
En un mundo en el que las redes sociales no son solamente un método de entretenimiento sino una base sólida de nuestra vida e incluso un trabajo relativamente estable para algunos, en la que invertimos una gran parte de nuestro tiempo creando o consumiendo contenido, el pretty privilege funciona de una forma muchísimo más notable de lo que puede parecer, generando más repercusión a todas las personas que consideramos más atractivas que el resto.
Esto significa que todas las personas que forman parte de los estándares de belleza sociales por los que se les considera atractivos, reciben no solo un mayor impacto sino un mejor trato. En pocas palabras, las personas que nos resultan generalmente más atractivas que el resto consiguen destacar con menor esfuerzo y tienen una mayor cantidad de oportunidades para hacerlo que el resto de personas que forman parte del montón o como diría Emilio Delgado «del montón bueno».
Este fenómeno ocurre de forma totalmente subliminal y cómo ya hemos visto por la cita del comienzo, ha ocurrido en todas las épocas, ajustándose, obviamente, a los estándares de belleza del momento. Además, es algo que aunque no hayamos llegado a vivir o experimentar de primera mano sabemos que existe, pero por supuesto no es fácil admitir que solo estamos consumiendo un contenido porque la persona que lo muestra nos resulta atractiva ¿verdad?
De la misma manera que nuestra raza, sexo o edad afecta de alguna forma a la percepción o la manera en la que nos perciben el resto de personas, nuestro aspecto físico puede ayudarnos a ser percibidos de una mejor forma incluso sobreponiéndose a nuestras propias habilidades o destrezas reales. En muchos casos las personas más atractivas han conseguido obtener mejores puestos de trabajo o incluso calificaciones escolares pese a estar notoriamente peor preparados. Desde hace varios años a esta discriminación a preferir cribar el contenido que consumimos o a generar un mejor trato, o más oportunidades a las personas por su aspecto físico, se le conoce como «aspectismo», que a día de hoy se define como uno de los prejuicios sociales que más afecta al mercado laboral, discriminando a las personas exclusivamente por su aspecto físico, pero
¿Qué explicación tiene todo esto?
La base de este privilegio o esta discriminación nace del efecto Pigmalión, el cual señala que una expectativa positiva en el rendimiento de alguien provoca una mejora real en esa misma persona, teniendo el efecto contrario si la expectativa es negativa.
Cuando se tiene una expectativa positiva sobre alguien se le muestra un mayor apoyo e interés, lo que significa que esa persona pondrá mucho más esfuerzo al verse gratamente recompensado por ello. Si tenemos en cuenta que la belleza ya genera en nosotros una expectativa positiva, las personas que percibimos como atractivas parten con más ventajas que aquellas que no nos lo parecen.
Para entenderlo todo mejor tenemos que tener en cuenta que la belleza es denominada por la ciencia como un criterio de acuerdo, es decir que se entiende que una persona es atractiva si es percibida de esta forma por la mayoría de las personas. También es necesario entender que la belleza es un sesgo, una pieza de información integrada en nuestro cerebro que nos desvía de la objetividad. Aunque todo lo que percibimos sobre otras personas es en realidad potencialmente un sesgo.
Dicho esto es comprensible entender que tras muchos estudios realizados se haya llegado a la conclusión de que las personas atractivas son afectadas de forma positiva por el efecto Pigmalión. Como muestra de esto existen algunos estudios sobre como los profesores tienden a tomar menos acciones disciplinarias frente a aquellos actos gamberros causados por los estudiantes más atractivos.
A día de hoy las bases sociales aceptadas para considerarte una persona atractiva son mayoritariamente europeas, pero además de unirse al prototipo de rubio caucásico con los ojos claros, recientemente se ha añadido una nueva característica conocida como «the Instagram face», una cara que usualmente podemos encontrar en nuestro buscador de Instagram, basada en la gran multitud, similitud y generalización de los influencers, además de todos los filtros que a día de hoy utilizan estándares de belleza para modificar nuestro rostro y hacerlo más «aceptable».
Por otro lado, muchos estudios sostienen que la aceptación y predisposición positiva ante la belleza es un factor biológico, ya que desde recién nacidos preferimos contemplar los rostros atractivos. De hecho tanto la simetría como la tipicidad, rasgos asociados con la belleza, están también coligados de forma positiva con la salud, entonces
¿Es este el motivo por el que asociamos la belleza a la bondad?
Realmente podríamos decir que en parte sí, es perfectamente comprensible pensar que por criterios biológicos tendemos a creer que alguien atractivo pueda ser mejor en el resto de aspectos y por ello tener una respuesta positiva ante estas personas, sin embargo, también podríamos achacar esta tendencia a nuestro consumo cultural masivo, desde pequeños crecemos consumiendo contenido en el que se asociada de forma directa a los héroes, protagonistas y sus amoríos con personajes atractivos mientras que de forma contraria, los villanos y sus secuaces son visiblemente menos agraciados.
No obstante en obras como «El retrato de Dorian Gray» podemos observar como la belleza se trata de una forma más próxima a una maldición, en la que objetivamente la persona «maldita» deja de tener ningún tipo de importancia más allá de la de ser contemplado, siendo fácil de manipular para las mentes más ágiles.
«La belleza, la belleza de verdad, termina donde empieza la expresión intelectual. El intelecto es en sí mismo una forma de exageración y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que te sientas a pensar, te vuelves todo nariz, todo frente, o cualquier otra cosa horrible. Mira a los triunfadores de cualquier profesión docta. ¡Qué horrorosos son! Excepto los eclesiásticos, aunque bien es cierto que en la Iglesia no se piensa: un obispo sigue diciendo a las ochenta años lo que le enseñaron a decir a los dieciocho y, en consecuencia, su aspecto es siempre encantador.»
The Picture of Dorian Gray, Oscar Wilde
Dicho esto, es posible que no estemos asociando la belleza con la bondad de forma aislada sino el conjunto frente a lo que percibimos como una falta de intelecto, es decir, que tratamos de mejor forma a las personas que consideramos atractivas porque las percibimos intelectualmente más débiles frente a los obstáculos de la vida, motivo por el que consideramos que nuestro apoyo es primordial para su futuro.
Además, cuando nuestro cerebro reconoce estímulos frente a algo que consideramos bello las zonas de recompensa dopaminérgicas se activan, específicamente el núcleo accumbens y la corteza frontal medial, al igual que cuando una persona consume drogas, lo cual demuestra que la belleza genera placer.
En definitiva, ser atractivo es algo beneficioso hoy día, no solo porque nos resultaría más sencillo lograr un mayor impacto en las redes sociales pudiendo dar pie a potenciales vías de ingresos, sino porque además el resto de personas inconscientemente intentarán tener un trato mejor hacia nosotros, pero creo personalmente que considerarlo privilegio está muy alejado de la realidad.
Es cierto que en la mayoría de obras infantiles animadas la belleza es un rasgo arraigado a la bondad, algo que ocurre de forma contraria en las obras dirigidas a los preadolescentes y adolescentes, dónde la belleza es un signo directo de estupidez, egocentrismo y maldad. A día de hoy las personas atractivas siguen siendo prejuzgadas como personas poco inteligentes y aunque puedan obtener mejores puestos de trabajo, los cuales en la mayoría están limitados al cara al público, los tratos «privilegiados» tanto de estudiantes como de trabajadores atractivos no son más que el resultado del prejuicio ante una posible falta de inteligencia.
En definitiva, no se trata de un privilegio por ser atractivo, sino más bien de un prejuicio ante lo que significa ser atractivo, de como vemos y creemos que alguien que cuide de su aspecto físico es en realidad una cabeza hueca.
Fuentes:
- La belleza en el cerebro
- Neuroaesthetics: neuroscientific theory and illustration from the arts
- Newborn infants prefer attractive faces
- The labor market return to an attractive face: Evidence from a field experiment
- Beauty is talent: Task evaluation as a function of the performer’s physical attractiveness.
- The Influence of Physical Attractiveness and Manner of Dress on Success in a Simulated Personnel Decision
- The Pygmalion Effect and its Mediating Mechanisms
- Physical attractiveness and evaluation of children’s transgressions
- Is ‘pretty privilege’ actually a thing? We’re still talking about it—here’s why
- ¿Qué es el Pretty Privilege?
- The ugly truth about ‘pretty privilege
- Pretty privilege is real
- Pretty privilege: qué es y por qué es un problema